La paradoja de la elección

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08 agosto 2007

Un vitral, vitraux o vidriera de colores es una composición formada por vidrios de colores pintados y cubiertos por esmalte que se unen por medio de varillas de plomo. Las vidrieras ya eran usadas en las iglesias de la época románica pero llegan a su apogeo en la arquitectura gótica y van generalizándose desde el siglo XIII. Presentan en este siglo, como en el anterior, la forma de mosaico en el fondo, con varios compartimentos o medallones de figuras en serie de arriba abajo, representándose en cada uno algún asunto religioso, histórico o simbólico, pero sin llevar más de un color cada fragmento de vidrio (salvo el esmalte de colo gris o negruzco que se añade para trazar algunos perfiles y contornos de figuras). En el siglo XIV, dichos compartimentos se hacen de mayor tamaño, lo mismo que las figuras, las cuales se van situando aisladas dentro de su ojiva y debajo de un doselete y se tiende a imitar con ellas algo mejor el natural, añadiéndoles el claroscuro de esmalte gris y a veces el color amarillo mediante el amarillo de plata. En el siglo XV y principios del XVI, las imágenes son todavía mayores y están como encerradas en templetes góticos, erizados de torrecillas y además de los colores gris y amarillo, añadidos por el esmaltado del vidrio, se introduce a veces el color encarnado, también por el mismo procedimiento y se usan vidrios dobles (incoloro uno y coloreado el otro) para modificar el color del fragmento respectivo. En el siglo XVI, se elaboran vidrieras de una pieza con vidrio incoloro, pintándolas con esmalte gris (grisallas) y a mediados del mismo siglo se inventa el modo de esmaltar de diferentes colores un trozo cualquiera de vidrio lo que dio por resultado el disponer de vidrieras como si fueran lienzos o tablas de pintura, economizando así muchos accesorios de plomo para armar las piezas. Esta clase de vidrieras mucho menos transparentes y brillantes que las de la época anterior, pertenece ya al estilo renacentista y se distingue, además de lo dicho, por la soltura y libertad con que apareecen las figuras desligadas de templetes y combinadas con escudos heráldicos, etc. Entrado ya el siglo XVII, van sustituyéndose por mosaicos geométricos de vidrios de colores las hermosas vidrieras precedentes, desapareciendo así el verdadero arte que tanto brilló en la Edad Media. Escasas pueden contarse las vidrieras historiadas de los siglos XVII y XVIII. En el XIX, se imitan las obras de los anteriores con variados gustos, desde el románico del siglo XII al del renacimiento del XVI. En España, destacan por su antigüedad y mérito las siguientes: las vidrieras de la catedral de León, pertenecientes a todas las épocas del estilo ojival, con otras del siglo XV en las catedrales de Toledo, Burgos, Avila y Barcelona. Del siglo XVI, son notables las de Sevilla y Oviedo y tampoco carecen de interés cuatro vidrieras de la iglesia principal de Cervera (Lérida). Del siglo XVII, se encuentran algunas de las catedrales de Sevilla y Segovia. Se consideran como las mejores del mundo las vidrieras de la catedral de Chartres, seguidas de las de París, Estrasburgo, Colonia, etc. del siglo XIII.

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